MURO DE LAS LAMENTACIONES
El Muro de las Lamentaciones es un muro de
contención, el último vestigio del Segundo Templo,
el edificio más sagrado del judaísmo.
Este sagrado lugar se define por si sólo como uno de
los monumentos religiosos más importantes del mundo
que es visitado diariamente por miles de personas, de diferentes
religiones y lugares.
Este muro es el último resto del templo
que fue destruido por los romanos. Está compuesto de
gigantescos sillares de hasta 1,80 m de alto y 11 m de largo.
Es todo un símbolo para los judíos, ya que durante
los 1900 años que estuvieron de exilio,
siempre viajaron para Jerusalém para tener la oportunidad
de rezar en el muro, orando por la redención. De 1948
a 1967, durante la ocupación árabe
de Jerusalém, a los judíos les fue prohibido
acceder al muro, posteriormente con la liberación de
Jerusalém, en 1967, el lugar quedo
abierto para todo el pueblo judío para que pudiese
orar en su lugar más sagrado.
Los restos que aún quedan datan de
la época de Herodes el Grande, quien
mandó construir grandes muros de contención
alrededor del Monte Moriá, ampliando la pequeña
explanada sobre la cual fueron edificados el Primer y el Segundo
Templo de Jerusalén, formando lo que hoy se conoce
como la Explanada de las Mezquitas.
El Muro de las Lamentaciones se divide en
diferentes templos. El Primer Templo, o Templo de Salomón,
fue construido en el siglo X adC, y destruido
por los babilonios en el 586 adC. El Segundo
Templo fue reconstruido por Esdras y Nehemías a la
vuelta del Exilio de Babilonia, y vuelto a destruir por los
romanos en el año 70 de nuestra era, luego de la Gran
Revuelta Judía. De tal modo, cada templo se mantuvo
en pie por unos 400 años.
De acuerdo con la leyenda, cuando las legiones
del emperador Tito destruyeron el templo, sólo una
parte del muro exterior quedó en pie. Tito dejó
este muro para que los judíos tuvieran el amargo recuerdo
de que Roma había vencido a Judea
(de ahí el nombre de Muro de las Lamentaciones). Los
judíos lo atribuyeron a una promesa hecha por Dios,
según la cual siempre quedaría en pie al menos
una parte del sagrado templo como símbolo de su alianza
perpetua con el pueblo judío. Los judíos han
rezado frente a este muro durante los últimos dos mil
años, creyendo que este es el lugar accesible más
sagrado de la Tierra, ya que no pueden acceder
al interior de la Explanada de las Mezquitas, que sería
el más sagrado de todos.
Es destacar al visitar el muro que los fieles
introducen un pequeño papel con una plegaria entre
las rendijas del muro, una tradición que cuenta con
varios siglos de antigüedad.
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