El Vaticano | Nepal | Taj Mahal Información corporativa

 

LA RAZÓN - UN NEGOCIO POCO CATÓLICO.

La Santa Sede denuncia el abuso en la venta de objetos religiosos y reliquias falsas a los turistas.

Ciudad del Vaticano- A las puertas del Vaticano, Pedro Merino acaba de comprar tres Cristos de hojalata, dos llaveros con la efigie de Juan Pablo II y decenas de postales con imágenes de Benedicto XVI. Volverá a Colombia cargado de regalos pero, sin saberlo, está colaborando con la explotación de inmigrantes ilegales, la evasión sistemática de impuestos y alimentando uno de los negocios menos «católicos» de Roma. Y es que algunas de las tiendas de souvenirs situadas en los aledaños de la Santa Sede trafican y comercian con el sentimiento religioso, explotan sin escrúpulos a sus asalariados y se enriquecen a costa de la ingenuidad de los turistas.

La «especulación religiosa» de algunos comerciantes no es una novedad, pero en los últimos tiempos está alcanzando proporciones tan descaradas que la Santa Sede se ha visto obligada a intervenir. El sacerdote Slawomir Oder, postulador de la causa de Juan Pablo II, denunció la semana pasada la venta de supuestas reliquias y estatuas que traficaban con la imagen de un santo aún por nombrar. Una tienda de recuerdos ubicada frente a San Pedro ofrece por seis euros trozos de tela que, según se les dice a los turistas, «son reliquias que pasaron sobre la tumba de san Juan Pablo II». Oder se quejó de la venta no autorizada de estos supuestos objetos santos, aclarando que se trata de un negocio sucio, una estafa más.

Los mejores precios

No es la única. Algunas tiendas venden «agua bendita» en botellas de plástico pintadas con motivos religiosos. Los precios son competitivos: unos dos euros por botellín. Lo que no se les dice a los turistas es que el líquido no procede de ningún manantial sagrado, ni ha sido bendecido en ninguna iglesia. No, el agua bendita emana directamente del grifo. Si usted se cuenta entre los miles de turistas que adquirió una de estas botellas, lo más útil que puede hacer con ellas es beberse el contenido: el agua de Roma no es milagrosa, pero al menos es rica en oligoelementos. «Cuando había muchos turistas no dábamos abasto rellenando botellas porque es uno de los artículos preferidos por la gente. Había días que me pasaba toda la mañana entrando y saliendo del baño, rellenando en el grifo decenas de frasquitos con supuesta agua bendita», asegura Katarina Paunovic, una mujer que trabajó durante varios meses en el negocio Galería Mariana, en Via Porta Angelica, uno de los preferidos por los turistas gracias a sus precios.

«El propietario tiene los mejores precios de la zona, pero no por casualidad. Nos pagaba dos euros por hora y nos hacía trabajar jornadas de 11 horas, seis días por semana, con quince minutos de pausa para comer. Nos obligaba a comer encerrados en un cuartucho a oscuras. En invierno no hay calefacción y casi todos los empleados, la mayoría ilegales y sin contrato, se pasan medio año resfriados. La condición para trabajar es que si viene la Policía hay que salir corriendo», explica Katarina. La usura no acaba ahí. «El propietario vende objetos a los vendedores ambulantes que hacen competencia con las mantas y cobra lo que quiere. Con los americanos comete abusos increíbles. Siempre cobra él y cuando pasa las tarjetas de crédito muchas veces les pasa un cobro superior al precio. Si tienen que pagar 80 euros, marca 110 en la máquina. Sólo declara los impuestos de los cobros con tarjeta, el resto lo factura en negro. Obliga a los trabajadores a todo tipo de actividades. A mí me hacía traducir pasajes de la Biblia al inglés», añade la antigua empleada Katarina Paunovic.
Picaresca.

Otros comercios hacen negocio con las bendiciones vaticanas. La Santa Sede ofrece bendiciones por encargo. Simplemente hay que pedirlas en las oficinas situadas en uno de los extremos de la plaza, pero el tiempo de entrega es dilatado. Recientemente se ha puesto en marcha un servicio para enviarlas directamente por
correo a casa. Muchos comerciantes de la zona encargan decenas de bendiciones, utilizando para el membrete un nombre de pila. El negocio es redondo: las bendiciones se revenden por el doble o el triple de su precio, con lo que los turistas pueden adquirir bendiciones a su nombre o el de sus amigos, como el que se compra una pulsera.

Es justo anotar que los abusos más graves son patrimonio de unos pocos. La mayoría de los comerciantes de la zona ejercitan honestamente su trabajo desde hace décadas, pero es necesario saber distinguir para evitar que un regalo bienintencionado acabe abultando el saldo de la picaresca y la explotación. El método más práctico es huir de los reclamos publicitarios, los artículos a colorines y las promesas de santidad. Los comerciantes más serios no prometen la salvación.

Ángel Villarino
Fuente: Revistaecclesia.com

Ruta de los Santuarios - Cataratas de Iguazú - As Termas de Burgo

 

 


 
 TR Todos los derechos reservados - Expertos en viajes religiosos